César.- ¿Qué me dices ahora? Habla otra vez.
Adivino. - ¡Guárdate de los idus de marzo!
César. - Es un visionario; dejémosle.
(Shakespeare, Julio
César)
Según cuenta el escritor griego Plutarco, Julio
César desoyó el consejo del viejo adivino.
Y llegó el día. El quince de marzo del año 44 a. C., César fue asesinado. Desde entonces, los idus
de marzo[1]
se convirtieron en una fecha sombría y nefasta. Siglos después, allá por el XVI,
William Shakespeare recreó la conspiración que acabó con el emperador romano en
su obra Julio César (1599), e hizo famosa la frase “¡Cuídate de los idus de
marzo!”.
Cientos de años más tarde, George Clooney repite la osadía del
todopoderoso Julio César. Arropado por un espectacular ejército de actores -liderados
por Ryan Gosling y el mismo Clooney-, ignora
la advertencia del adivino, y se pone en
la piel de director por cuarta vez, para
regalarnos Los idus de marzo –título
original, The Ides of March-. La película es una adaptación de la obra teatral
escrita por el exconsejero demócrata Beau Willimon, Farragut
North (2008) en la que aborda las primarias del partido demócrata
estadounidense de la campaña de Howard Dean de 2004. De hecho, en un principio,
Los Idus de marzo se iba a dar a
conocer como Farragut North. Finalmente,
Clooney eligió un título más
shakesperiano, consiguiendo impregnar a
la película de una atmósfera de tragedia, traición, drama, intriga y conspiraciones.
George Clooney dirige, participa en el guión y co-protagoniza
este viaje a las cloacas de la moral política. Y en este momento de enorme desafección
de la ciudadanía hacia los políticos, parece una recomendación cinematográfica muy oportuna. A través de Los idus de marzo, Clooney nos muestra qué es lo que sucede en el
backstage de unas primarias dentro
del partido demócrata y nos plantea la cuestión de si es posible que cualquier
candidato pueda ganar siendo fiel a sus valores, teniendo en cuenta que la experiencia de
dirigir una campaña política puede llegar a ser demoledora para el cuerpo y el
alma del individuo.
La extensa filmografía de Clooney como actor es un
ramillete de películas comerciales y taquilleras, mezclado con trabajos más
profundos. Entre otras producciones encontramos: Ocean's Eleven, Ocean's Twelve, Ocean's thirteen (Steven Soderbergh, 2001, 2004, 2007), la
serie Urgencias en la que trabajó
siete temporadas y le lanzó a la fama (Michael Crichton, 1992- 2009), Up in the air (Jason Reitman, 2009) o Syriana (Stephen Gaghan, 2005). La
consagración de Clooney como uno de los actores con más “tirón” y talento en el
panorama hollywoodense y mundial, le ha permitido amasar una fortuna y adquirir
una madurez suficiente y necesaria para enfocar su carrera como director hacia
un cine independiente, con proyectos muy personales y alejados de lo puramente
comercial.
Pero, no es la primera vez que Clooney trata el
tema político o el de los medios de comunicación en las películas que dirige; ya
lo hizo en Buenas noches, y buena suerte
(2005). Largometraje que se centra en el tiempo que pasó el periodista
Edward R. Murrow[2] en
la CBS. Concretamente, nos describe cómo se cocinaron los polémicos reportajes
sobre el senador McCarthy y refleja los conflictos entre el periodista y el
senador, a partir de las controvertidas
acciones de este último en la época llamada "caza de brujas[3]"
(Biografías y vidas, s.f.). Por otro lado, su primera película como director, Confesiones de una mente peligrosa
(2003), curiosamente, también estuvo ambientada en el mundo de la televisión. La
película cuenta la historia de un legendario show-man de la televisión con una
doble vida: productor de televisión de día, asesino de la CIA de noche. Por
último, en su filmografía como
director, encontramos Leatherheads (en España, Ella es el partido), estrenada en 2008.
Una comedia romántica sobre el fútbol que no tuvo demasiado éxito ni dentro, ni
fuera de los Estados Unidos.
Con los Idus
de marzo (2012), Clooney aborda de
lleno, y por primera vez, el thriller político. Pero, en realidad, no es una
película política. No se centra en las ideas o doctrinas políticas, si no en el
proceso electoral. Es una historia cínica y desoladora sobre la condición
humana. George Clooney elige a un político americano como símbolo para retratar
los engaños y los “chanchullos” que ocultan aquellos que siempre nos muestran su cara más amable, al mismo tiempo que esconden bajo la alfombra
la suciedad que generan. Y en esta sacudida de alfombra que hace Clooney, la basura llega a todas partes: a los medios
de comunicación, a la clase política, a los valores norteamericanos, a las
políticas conservadoras. Un trasfondo que refleja
el cinismo –muy presente en estos tiempos que vivimos-, entre el mensaje que se ofrece a la ciudadanía
y la realidad de la clase que ostenta el poder.
Un argumento que nos puede llegar a recordar en ciertos aspectos a Primary Colors (1998) de Mike Nichols.
Ryan Gosling es el protagonista absoluto de la
película; su personaje, Stephen Seyers,
lleva el peso del metraje. Interpreta a un jefe de prensa joven, tremendamente
atractivo, elocuente e idealista que trabaja para un prometedor candidato, el
gobernador de Pennsylvania Mike Morris (George Clooney). El joven actor canadiense vuelve a cautivarnos
como ya lo hizo en Drive (Nicolas
Winding Refn, 2011) con su magistral
interpretación. Clooney hace un uso constante de primeros planos sobre los
actores, lo que ayuda a generar tensión y a que nos sumerjamos en la historia, perdiendo la noción del tiempo y del espacio
que nos rodea. Y Gosling transforma esos primeros planos en un cúmulo de gestos
y de miradas que te cautivan y que te
transmiten, incluso, más que sus cuidados e inteligentes diálogos. El actor
canadiense es capaz de mantener un eterno
silencio sobre sus espaldas sin que se pierda un ápice de seducción, de
tensión, de intriga o de carga dramática.
Y, por supuesto, no podemos olvidarnos del apuesto
actor y hombre Nespresso. George Clooney se mete en la piel del gobernador Mike
Morris. Pese a ser un personaje secundario, la trama se centra en el enfrentamiento/conflicto
entre los dos personajes principales. Por un lado, el joven asesor, Stepehn Meyers (Ryan Gosling)
y por otro, el gobernador demócrata Mike
Morris (George Clooney). Stephen cree que su candidato es “el candidato” que
necesita su país para que cambien las cosas. ¿Lealtad ciega? Está por ver. La
cuestión es que el joven asesor se ve reflejado en los ideales del gobernador
Morris: impuestos para los ricos, apoyo al matrimonio homosexual, no a la pena
de muerte, etc. Ideales que, de manera explícita,
el candidato defiende en sus mensajes políticos, y que Clooney-director deja caer sutilmente a
lo largo de todo el filme. Mike Morris, por su parte, es un candidato modélico,
carismático –nos llega, incluso, a recordar a Obama antes de ser Presidente de
los Estados Unidos-, con la mujer perfecta, la sonrisa cautivadora, pero que
esconde mucho más detrás de esa idílica fachada.
El reparto se completa con actores de la talla
de Philip Seymour Hoffman, que encarna
al jefe de campaña del gobernador Moris; Paul Giamatti que interpreta al responsable
de la campaña del oponente. Marisa Tomei, en un papel que representa a la
prensa y medios en general; y Evan Rachel Wood que interpreta a una joven
becaria del equipo de Morris. Personajes complejos inmersos en una trama, aparentemente
sencilla, y cuya interpretación es lo
más destacable. George Clooney nos los va descubriendo con cuidada discreción, de forma sutil e indirecta, mediante detalles
que permiten que el espectador sea el que realice ese último trabajo de
interpretación que tanto le gusta y le motiva. A este respecto, es importante
destacar las numerosas elipsis que nos ofrece Clooney y que permiten esa “interpretación
cooperativa”. El resultado es un filme con un estructura típica de thriller,
pero con un montaje trepidante y un ritmo envidiable.
Los idus
de marzo es un claro ejemplo de
que no siempre son necesarias las grandes producciones para arriesgar y para
cautivar a los espectadores. Clooney deja a un lado la cámara y se centra de lleno
en la interpretación de sus personajes, y en crear atmósferas íntimas y muy personales: la iluminación, el uso inteligente de los
silencios; los primeros planos y una música –la justa y necesaria- evocadora y que
aporta la tensión necesaria que cada escena requiere. Clooney, fiel a sus
valores, muestra al mundo sin ambigüedades
ni patriotismo barato, lo que se cuece en unas primarias americanas.
Diálogos acertados, frases definitivas e interpretaciones impecables que
reflejan con gran acierto la realidad y que esconden un trabajo profundo de
documentación, de producción y de dirección.
En definitiva, cine de compromiso y denuncia en
forma de thriller. Una película que no
nos ofrece soluciones, ni lecciones. En la
que no hay vencedores, ni vencidos. Un filme cuyo leit motiv es la seducción del poder, y que deja al espectador la autonomía suficiente
para que sea capaz de identificar y descubrir los significados que hay tras su
atrayente fachada. Está claro que a Clooney le pone eso que llaman política.
[1] En el calendario
romano los idus eran jornadas de buenos augurios, que tenían lugar los días 13 de cada mes, excepto en marzo, mayo,
julio y octubre que se celebraba el día 15.
[2] Periodista estadounidense que trabajó como locutor de
noticias en la CBS para radio y televisión. Alcanzó la fama como locutor de
radio durante la II Guerra Mundial. Es considerado como una de las grandes figuras
del periodismo de su tiempo. Fue uno de los pioneros de la televisión y produjo
una serie de reportajes que lo enfrentaron con el senador Joseph McCarthy.
[3] McCarthy instigó una cruzada anticomunista. El «macarthismo» ha sido acuñado para describir
la intensa persecución anticomunista que existió en Norteamérica desde 1950
hasta alrededor de 1956. Durante este periodo, las personas que eran
sospechosas de ser leales al comunismo se convirtieron en el blanco de
investigaciones gubernamentales. Estos procesos fueron conocidos como la «caza
de brujas».
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