De: La prima
Para: Mi querida Prima del alma
Asunto: Tu Leonor
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Estimada prima Felisa:
Te devuelvo a tu Leonor. Viaja al pueblo
en el autobús de las cuatro de la tarde, cuando mi hijo Juanito regrese de la
fábrica y los huéspedes marchen a sus quehaceres diarios. La niña te la
devuelvo muda como llegó, y con la maleta azul con la que la mandaste. En el
bolsillo del abrigo lleva el jornal del último mes de trabajo, que si bien no
ha sabido mantener las piernas cerradas, limpiando y haciendo camas es muy
cumplidora. Te la devuelvo con algún
quilo demás que, si mis cálculos no me engañan, perderá en cuestión de semanas.
Prima, no te afijas por lo que lees en
esta carta, tu niña que no habla es curiosa como el que descubrió las
Américas; y la curiosidad mató al
gato; y la niña no tiene nada de lista,
pero sí de fisgona. Y la desgracia, que es caprichosa, ha querido que tu Leonor nos salga mula
tozuda para lo que le viene en gana. Y lo que le viene en gana mató al gato y
puede que haga lo mismo con tu Leonor.
La niña no paró hasta abrir la puerta que
estaba cerrada con llave. Una llave que
siempre llevo encima, escondida entre mis enaguas, y que solo pierdo de vista
cuando duermo. Porque una vez dormí con ella y me la clavé en el muslo y me
tuvieron que dar dos puntos en la casa de socorro. Yo dejo un ojo abierto
cuando el sueño me vence, pero esa noche el ojo quedó cerrado y tu Leonor entró
en mi alcoba con pies de lana y me robó la llave.
Y ya te digo que lo que mató al gato
matará a tu hija y a ti del disgusto.
Aprovechó que yo dormía sin el ojo
vigilante, faltó a su promesa, y abrió la puerta de la habitación del fondo.
Esa que nunca abro. Esa que todas las noches, cuando mis huéspedes duermen, mi
Juanito visita con un plato de comida -comida que sobra, comida que ni la rata
se come-. Esa que, antes de que amanezca, mi Juanito visita para retirar el
plato de comida, que según me cuenta, apenas se toca. Porque mi Juanito tiene
una llave que lleva como la vaca a su marca. Y tu niña que no habla conoció el
secreto de esta familia: el huésped de la habitación del fondo es mi marido, el
viajante, el que hace dos años murió en algún pueblo de la región cuando una
roca perdida fue a chocarse con su cabeza, con la mala fortuna de abrírsela
como un melón.
¡Ay, mi querida prima del alma! Esta es
la historia que cuento a mis huéspedes y a los del pueblo, y la que te conté en
su día. Y la que tu niña muda también escuchó. Pero la verdad es que marido
perdió la cordura: algo que comería en alguno de esos pueblos que visita
vendiendo telas, algo que cualquier fulana le pegaría intentando darle placer.
Una noche mientras dormía, marido dejó su
cama y se metió en la mía. ¡Ay Felisa! Dios quiso que estuviera borracho y no
manejara los dedos con soltura; que yo, cuando me visto para dormir, no olvido
abrochar hasta el último botón del camisón y llevar bombachas altas. Ay de mí, que cuando no pudo
entrar por abajo se me lanzó encima. Me mordí el labio para no gritar y
despertar a los huéspedes y con la mano que me dejó libre agarré el Cristo de
la mesita – el que beso cada noche-, y
le propiné un buen golpe. Tan bueno fue, que marido dejó de jadear y de apretar
mis muslos. Todavía respiraba, pero se había quedado blando y pesado. Fui en busca de mi Juanito.
A la mañana siguiente, la habitación del fondo amaneció cerrada con
llave y con marido dentro. Mi Juanito dice que quedó tonto por tanto vino. Que
el demonio lo tiene dentro y que Dios le ha castigado por la mala vida que me daba. Que no fui yo quien golpeó a marido, no, que fue la voluntad de Cristo.
Que lo tiene atado por pies y manos al camastro y que mira con ojos de
loco. Yo no lo sé, no me atrevo a
entrar. Yo solo pego la oreja a la puerta de la habitación del fondo de tanto
en tanto, para ver si habla. Pero nada.
¡Ay, prima! Que marido tiene la voz para
adentro como tu Leonor. Y yo no sé si eso les hizo entenderse, pero el caso es
que lo hicieron; y por eso tu niña se quedó con la llave. Tomó por costumbre visitar a marido todas las
noches y darle la cena. Yo la dejé, pero vigilaba detrás de la puerta; aunque
como a los dos les comió la lengua el gato, no
se oía nada. Y el plato de comida regresaba vacío.
Y como tu Leonor mantuvo la boca cerrada
y su faena al día, no me importó que pasara las noches con marido. Y como los
huéspedes no sospechaban nada, dejé que estuvieran a solas en la habitación del
fondo. Pero tu niña que no habla es curiosa como gato. Y yo no sé que le queda
a marido entre las piernas, pero a tu niña le llamó la atención y como fisgona
que es, quiso probarlo.
Y lo probó, y vaya si lo probó. Porque le
empezaron a estallar los botones de la blusa y a reventar la cremallera de la
falda. Y yo pensé que estaba engordando por lo mucho que engullía, y le escondí
el dulce de membrillo. Pero tu niña que no habla seguía hinchándose como lo
hace el pan cuando levanta. Y los huéspedes empezaron a murmurar. Y más de uno
dejó la habitación. Y eso me hizo perder
dinero, y ya sabes que si no hay huéspedes no hay cuartos, y sin cuartos no hay jornal y sin jornal no
te dan pan. Y lo que se dice en la región es que a la niña la han preñado.
¡Ay,
mi prima del alma! Espero que entiendas mi zozobra. Que a tu Leonor la
ha preñado su mala cabeza; que te la
devuelvo porque con una desgracia en la familia tengo bastante; y porque la curiosidad mató al gato y matará a tu hija y a ti del disgusto, mi prima del alma.
...endebe...
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