Mary subió corriendo las escaleras y
entró en la habitación de su abuela Terry sin avisar:
¡Abuela, abuela! ¡Estoy en todos los
kioscos! ¡Abuela, mire!
Mary le mostró el ejemplar de Cosmopolitan España del
mes de octubre: su esbelta figura, su melena, su mirada inocente y su
sensualidad ocupaban la portada.
Vaya, vaya, ¡cuánta excitación!
A ver,
déjame que te vea -miró la portada y no dijo nada.
Terry tenía noventa años, pero su mente
era brillante y, pese a llevar años viviendo en España, no había perdido ese
acento americano tan característico. De repente una lágrima cayó por su
mejilla.
¿Qué pasa abuela? ¿No le gusta?
No querida, no. Son los recuerdos...
Si tienes tiempo, te cuento una historia.
Abre ese cajón, y tráeme la carpeta roja.
****
Mary la buscó y se la dio. Terry sacó dos
ejemplares de Cosmopolitan: uno de 1938 y otro de 1896. La portada del ejemplar
de septiembre del 38 era espectacular: un casi primer plano de una bellísima
rubia que parecía disfrutar de unas vacaciones en su yate. Melena al viento,
hombros descubiertos, y en un segundo plano, un apuesto capitán de barco conduciendo
la embarcación -que se intuía, pero no se mostraba-. Mary se quedó
boquiabierta. Sí, querida -dijo Terry-, esta joven de 21 años es tu abuela.
"Eran años buenos para la revista y
para la mujer -comenzó a relatar la abuela-, después de publicaciones para la
familia, la mujer había conseguido que editaran una para ella, renovada y más
especializada.
Cosmopolitan reflejaba a la mujer moderna
y sofisticada. Por fin mujeres espectaculares y en bikini en las portadas.
Colores vivos y sensualidad, mucha sensualidad. Si te fijas, la tipografía para
el nombre es distinta respecto a la de 2007, y por esa época los titulares en
la portada no ocupaban tanto protagonismo como en la que tú sales, mi querida
niña. En el 38 todavía no se editaba fuera de los Estados Unidos; y, aunque en
menor medida que en el 1896, se mantenía la publicación de temas de ficción
("A complete Book-lenght Novel").
Mary escuchaba atentamente a su abuela.
Su mirada era de asombro y de tremenda admiración, vaya con la abuela Terry, qué
callado se lo tenía, pensaba. Terry cogió la otra revista, la de mayo de 1896.
De nuevo, un ejemplar en inglés. Su editor, John Brisben Walker había adquirido
la revista en 1889 y con él llegaron las ilustraciones en color, las revisiones
de libros y de seriales.
****
Cosmopolitan era un interesante mercado
para la ficción y contaba con las colaboraciones de diferentes autores. En la
parte derecha de la portada, aparecen los contenidos de la revista. Un estilo
delicado, ordenado y sencillo, pero con toda la información de lo que podía
leerse y en qué página se encontraba.
"Era un ejemplar hermoso -continuó
Terry-, la portada tenía, de nuevo, a la mujer como protagonista. Pero más
recatada, más vestida, con cero sensualidad. La perfecta futura madre de
familia, mujer de su casa. Ilustrada como si de una foto de colgante se
tratara, la mujer se mostraba envuelta en un halo de bondad.
La organización de los elementos de la
portada se mantenía prácticamente igual a la portada del 38 o de 2007: en la
parte superior y con grandes letra se leía el nombre de la revista
"COSMOPOLITAN". La "C", como en la edición del 38, envolvía
a la primera "O". Costumbre que ya no aparecería en la tipografía de
la revista del siglo XXI. Sí es cierto, que en el 96 la importancia del texto
era mayor que en el 38 -año en el que la imagen dominaba la escena-, y
diferente respecto a la de 2007".
"Es mi madre -prosiguió Terry-, tu
bisabuela. Por esa época, las revistas ya se consumían de forma masiva en los
Estados Unidos; en 1865 se produjo el primer boom de las revistas y con él, una
mayor segmentación y una especialización demográfica y social dentro de las
revista femeninas.
Cosmopolitan -que apenas tenía diez años
de vida y que nació como revista familiar-, se convirtió en una de las publicaciones
femeninas más importante de la época. Si te fijas, ya aparecen las
ilustraciones a color; colores más pasteles, menos vivos, pero color al fin y
al cabo. Y los contenido se detallan con tremenda precisión, página incluida,
en la parte derecha de la portada".
Mary no dejaba de mirar ese ejemplar del
siglo XIX y lo comparaba con el suyo: la fuerza, el dinamismo, la
espectacularidad del de 2007 se suplía por la delicadeza, la ternura y la
"fragilidad" del de su bisabuela. De repente, vio algo que le llamó
la atención: ¿10 centavos, abuela? ¿Solo costaba 10 centavos? ¡Un dólar al año!
Ay, mi querida nieta,
¡no se hubiesen vendido ejemplares al
precio de hoy!
"Por aquellos años la publicidad
empezó a ser pieza clave para las publicaciones y las revistas apostaron por
abaratar el precio de sus ejemplares.
Gracias a los ingresos de esa recién
nacida publicidad, los editores lograron vender cada ejemplar, incluso, a un
precio inferior de su coste real (...)".
****